¿PORQUÉ ESTUDIAR BACHILLER ARTÍSTICO?

Creatividad y educación

No sabemos cómo se va a desarrollar el futuro, pero la educación quizá nos pueda ayudar a descifrar ese enigma. Los actuales estudiantes de primero de bachiller se jubilarán, con toda probabilidad, en el año 2065. Si somos incapaces de predecir lo que sucederá a cinco años vista, imagínense entonces a 48 años.

Todos los chicos tienen talentos tremendos que desperdiciamos sin piedad. Mi argumento es que la creatividad, a día de hoy, es tan importante dentro de la educación como la alfabetización.

Pondré un ejemplo. Una niña de seis años no prestaba mucha atención en la mayoría de clases, a excepción de la de dibujo. Un día, su profesora se le acercó y le preguntó “¿Qué estás dibujando?”, y ella contestó, “Estoy dibujando a Dios”. “Pero nadie sabe cómo es Dios”, argumentó la profesora, a lo que la pequeña rebatió: “Lo van a saber en un minuto”.

Este es un buen ejemplo de cómo los niños no tienen miedo a equivocarse. Cuando no están seguros, prueban. Con esto no quiero decir que equivocarse sea lo mismo que ser creativo, sino que a quien no está abierto a equivocarse nunca se le va a ocurrir algo original. De esta forma, al llegar a la edad adulta la mayoría de nosotros pierde esa capacidad y comenzamos a estigmatizar los errores.

En definitiva, estamos educando para que la gente abandone sus capacidades creativas. Picasso dijo una vez que todos los niños nacen artistas, pero que el problema está en seguir siendo artistas al crecer. En gran medida, es el sistema educativo el que nos hace menos creativos.

Todos los sistemas educativos del mundo tienen la misma jerarquía de materias. Arriba del todo están las matemáticas y lenguas. A continuación tenemos las humanidades y, por último, las artes.

¿Por qué? En primer lugar, porque nuestro sistema educativo se basa en la idea de la habilidad académica. Ello se debe a que, en el momento en que fue ideado (el siglo XIX), su único objetivo era satisfacer las necesidades de la industrialización. Por ello, se estableció una jerarquía que reflejaba dos ideas.

  • Las materias más útiles son las que sirven para encontrar trabajo.

    Por esta razón, también se te aleja sistemáticamente de otras (“No hagas música, nunca vas a ser músico…”, “No hagas arte, nunca vas a ser artista…”). Creo que este es un consejo profundamente equivocado.

  • La habilidad académica es lo que domina nuestra visión de la inteligencia.

    Esto se debe a que las universidades diseñaron el sistema educativo a su imagen. Si nos damos cuenta, la escolarización no es más que un largo proceso de admisión universitaria. Como consecuencia, muchas personas con talento creativo piensan que no lo tienen, porque aquello para lo que eran buenas en el colegio ya no es valoradoal acercarse a la universidad. No podemos darnos el lujo de seguir por ese camino.

En los próximos años, la tecnología transformará profundamente el mundo laboral. Ello sumado al aumento del número de titulados provocará la devaluación de los títulos universitarios. Cuando yo era estudiante, si tenías un título encontrabas trabajo tarde o temprano.Sin embargo, para los jóvenes de ahora esto no es suficiente. Necesitan un doble grado un máster y después un doctorado, este es un proceso de inflación académica que parece seguirá en aumento. Y ni siquiera así se garantizan una estabilidad laboral.

¿Es verdaderamente un riesgo estudiar artes? Llegados a este punto, tengo que contar otra anécdota. Gillian Lynne, según sus profesores, era un desastre para los estudios. La niña llegó al punto de pedirle a sus padres que le enviaran a una escuela para niños con necesidades especiales, por lo que sus padres la llevaron a un psicólogo. Todo esto ocurría en los años treinta. En la actualidad, a esta pequeña se la diagnosticaría de déficit de atención e hiperactividad, y le recetarían Ritalín o algo parecido.

Ya en la consulta del psicólogo, los padres hablaron sobre los problemas de Gillian en el colegio. Una vez acabada la charla, los tres se dispusieron a abandonar el despacho, pero antes de salir el especialista encendió la radio. La consulta tenía una ventana que permitía ver el interior desde fuera. El doctor les pidió a los padres que esperaran para que vieran lo que hacía su hija. Y casi de inmediato, Gillian se levantó y se puso a bailar al ritmo de la música.

Por fin, el psicólogo se volvió hacia la madre y dijo: “Señora Lynne, Gillian no está enferma. Es bailarina. Llévenla a una escuela de danza”. La pequeña Gillian, cuyo futuro había estado en peligro hasta ese momento, acabó siendo una de las coreógrafas con mayor éxito de nuestro tiempo. Fue ella quien dirigió producciones musicales como Cats o El fantasma de la ópera. Gillian no era una niña problemática ni necesitaba medicación, solo quería ser quien era.

El sistema educativo explora nuestras mentes buscando un recurso en particular. En un futuro cercano, ese recurso no va a servir. Debemos celebrar el regalo de la imaginación y usarlo de forma sabia. Nuestra obligación es educar a un ser completo para que se pueda enfrentar a su futuro. Un futuro que quizás nosotros no veamos, pero él sí.

Inspirado en la charla de Ken Robinson “Do schools kill the creativity?”

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